Ciclos, ciclos... se abren, se cierran, se repiten... en alguno volverás a estar y nos encontraremos.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Sol de mañana.

Había amanecido hacían varias horas, sin embargo no despertó hasta que el calor matutino y el sol colándose por las cortinas acompañado de una leve caricia en la espalda la removió algo suavemente y algo desconcertantemente. No abrió los ojos de inmediato, pero podía claramente sentir los brazos que la rodeaban con delicadeza, el cómo ella misma aparentemente le había entrelazado las piernas, y por supuesto aquella respiración acariciar suavemente su cabello. Era la primera vez que podía despertar a su lado.

Abrió los ojos con lentitud, notando que al alzar la mirada lo primero que podía visualizar eran sus labios que en ese momento se curvaban en una ligera sonrisa. Sonriendo también se acomodó otro poco para poder observarle mejor, paseando su mirada lentamente por sus facciones, fascinada por la calma que irradiaba. Su respiración ligera, esa sonrisa, los músculos relajados y tan de cerca... a pesar del tiempo que llevaban juntos aún le daba pena mirarle tan directamente a menos que él tuviera apegada su frente a la de ella.

Aún en un momento como ese, tan relajado, no podía dejar de preguntarse como es que realmente no podía encontrar nada que le disgustara de él... quizás era el amor, pero simplemente le consideraba perfecto, con sus rabietas, con sus caricias, con sus palabras, la manera en que hacía las cosas, su mirada, su voz, su enojo, tristeza y felicidad... intelectualmente la volvía loca, y adoraba sus facciones, sus gestos... que dijeran lo que dijeran todos, ella estaba enamorada perdidamente de él. De su mente, de su rostro, de lo que era y lo que quería ser... de él completamente.

Sin pensarlo su mano izquierda se deslizó sigilosamente a acariciar con sutileza el contorno de su rostro, apenas pudiendo disfrutar el tacto un par de segundos, hasta que sus pestañas dejaron entre ver la castaña mirada de él.
- Buenos días... -Dijo en susurro, con una sonrisa en los labios.
- Hola... -Correspondió adormilado, depositando un beso en su frente.- ¿Amaneciste bien?
- Mejor que nunca...

Hilo rojo

"El Hilo Rojo es una leyenda anónima de origen chino, que dice que entre dos o más personas que están destinadas a tener un lazo afectivo existe un hilo rojo,que viene con ellas desde su nacimiento. El hilo existe independientemente del momento de sus vidas en el que las personas vayan a conocerse y no puede romperse en ningún caso, aunque a veces pueda estar más o menos tenso, pero es, siempre, una muestra del vínculo que existe entre ellas.El texto literal viene a decir: Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper." 



Soñar

Si no soñara despierta casi la mitad de las horas que paso despierta... 
Me pregunto en qué se me iría el tiempo, y cuántas sonrisas y suspiros de todo tipo me ahorraría... 
Aunque nunca me ha gustado ahorrar sonrisas...

Pausa, play, la vida sigue (una parte)

- ¿Sientes eso? -Preguntó, apoyando el mentón sobre el hombro de ella.
- ¿El qué? -Respondió, mientras sus brazos iban a rodearle por el cuello, y una de sus manos se colaba entre sus cabellos para acariciarle con cuidado.
- No sé, ese miedo a perder algo que te importa... -Arrastró un poco la voz, sintiendo que se le hacía un nudo en la garganta al sentir aquellas caricias, mientras sentía que una fuerza mayor que él mismo sólo le hacía querer abrazarla con más fuerza de lo que ya estaba haciéndolo.
- Algo... pero en cierto modo no es tan malo. También significa que tienes algo qué cuidar. -Podía sentir que le costaba algo respirar por la fuerza con la que estaba siendo estrechada entre los brazos de él, sin embargo percibía preocupación en el ambiente y prefirió callar. Simplemente continuó acariciándole el cabello con suavidad, con un suspiro al borde de los labios que acabó rozando el cuello de él, seguido de un suave beso. - ¿Te preocupa algo?
- Francisca... -Intentó si quiera empezar por su nombre, pero sabía que las siguientes palabras no eran nada fáciles de pronunciar. Aspiró un poco del dulce aroma que despedía su cabello, y apenas, con una voz quebrada, intentó hablar.- ...No me quiero ir...
- ¿Irte? -La voz le tembló y un escalofrío le recorrió del todo la espalda, le sintió bajar por las piernas hasta la punta de los pies. Respiró un segundo, para apartarle levemente y afirmarse de sus hombros para mirarle fijamente a los ojos descubriendo que estaban al borde de las lágrimas.- ¿A dónde vas?
- No me mires así... no lo planeé yo... -Cada vez las palabras le dolían más, y más aún la mirada de ella con el miedo vivo en el brillo de sus ojos.
- ¡¿Dónde vas?!
- ¡Lejos, Francisca! Lejos... No me juzgues con la mirada... no tienes idea de cómo me duele...